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lunes, 14 de junio de 2010

Participación y Diálogo en la Educación III

La participación de los padres a partir de la LODE

Aunque la LODE reconoce, al igual que la LOECE, el derecho de los padres a crear APAs. no les permite ser el canal para acceder al Consejo Escolar del centro, lo que es una grave contradicción, que debería ser subsanada en el menor plazo de tiempo posible. En cambio, las Federaciones y Confederaciones de APAs son el cauce para acceder a los Consejos Territoriales en sus diferentes ámbitos y al Consejo Escolar del Estado. Las funciones de las APAs tal como las define el art. 5.2. de la LODE son estas: «asistir a los padres o tutores sobre todo aquello que concierne a la educación de sus hijos o pupilos», «colaborar en las actividades educativas de los centros» y «promover la participación de los padres de alumnos en la gestión del centro».

Hay sectores educativos que piensan que las APAs son entidades cuya única misión es la organización de actividades extraescolares.

También se ha dicho que la LOECE primero y la LODE después eran la «muerte» de estas asociaciones, al marginarlas del Consejo Escolar. A pesar de esto, pensamos que una lectura no restrictiva de las funciones de las APAs, sobre todo teniendo en cuenta «la opción por un sistema educativo moderno, en el que una comunidad escolar activa y responsable es coprotagonista de su propia acción educativa» tal como dice el Preámbulo de la LODE abre nuevas posibilidades a la acción de las APAs: Informar a los padres sobre las funciones del Consejo, las cuestiones prioritarias que se están debatiendo en cada momento y recoger sus aportaciones; crear las estructuras organizativas que faciliten y agilicen la participación de los padres (delegados de curso, comisiones, etc.) son, entre otras cosas, tareas que no corresponden a los maestros ni a la administración. Deben asumirlas los padres y es evidente que no pueden hacerlo a título individual.

El papel de la APAs es decisivo para hacer que la participación de los padres en la gestión de los centros docentes deje de ser puramente simbólica como hasta ahora, si se cumplen una serie de condiciones: Garantizar la comunicación entre el Consejo y la Junta de APA, replantearse los objetivos a priorizar desde las APAs. aumentar la formación de los miembros de las Juntas de APA respecto a la organización y gestión de las mismas y que los representantes de los padres del Consejo utilicen las estructuras de las APAs para informar, consultar y recoger las inquietudes de los padres.

MARCO LEGAL

La Ley General de Educación (1970) abrió la posibilidad de que los padres de alumnos creasen asociaciones (Art. 5.5), cuyos fines debían ser complementar y apoyar las tareas escolares. Este tipo de participación, más o menos amplia según las características de cada centro, tenía unos límites muy concretos: en ningún caso se reconocía el derecho a intervenir en la gestión de la escuela. En el contexto social y político en que nacieron estas «asociaciones de padres de alumnos» (APAs) se convirtieron rápidamente en plataformas reivindicativas y se incorporaron a la lucha por la democracia.

La Constitución (1978) reconoció, por primera vez, el derecho de padres, profesores y alumnos a participar en la gestión y el control de la escuela pública: «Los profesores, los padres y en su caso los alumnos intervendrán en la gestión y el control de los centros sostenidos por la administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca» (27.7). La primera concreción de este derecho fue la Ley Orgánica 5/80 de 19 de junio, Estatuto de Centros Escolares (LOECE). En el artículo 18.1. de esta ley se decía «en cada centro docente existirá una Asociación de Padres de Alumnos (...) a través de la que ejercerán su participación en los órganos colegiados del mismo».

En el Art. 26, donde se especifica la composición del Consejo de Dirección dice: «cuatro representantes elegidos por la Asociación de Padres de Alumnos» (26.1.f). Las APAs eran reconocidas como canal legal para la intervención de los padres en la gestión de los centros. Contra esta ley se interpuso un recurso de inconstitucionalidad que, entre otras cuestiones, planteaba que el art. 18 citado anteriormente condicionaba la participación de los padres en el Consejo de Dirección a su pertenencia a la APA y que, por tanto, era contraria al principio de libertad de asociación. El 24-2-81 la sentencia del Tribunal Constitucional declaro «la inconstitucionalidad y consiguiente nulidad del art. 18.1.». Esta sentencia, en lo referente a las APAs, tuvo dos consecuencias importantes: se recogía en la Ley la posibilidad de crear más de una APA en cada centro; el canal para acceder al Consejo de Dirección era la elección directa y no las APAs. Las APAs volvían a quedar al margen, al menos formalmente, de la gestión de las escuelas.

Sin embargo lo más importante es que reflexionemos sobre la actitud que mantenemos ante el diálogo entre los distintos sectores educativos, a continuación relaciono una serie de preguntas que circulan por internet que nos pueden ayudar en esta reflexión.

¿Se intenta comprender las dudas y contradicciones que viven los docentes en el trabajo respecto a la validez de los contenidos y las dudas de familias sobre la inadecuación entre las perspectivas sociales y el papel de la escuela?.

¿Descargan los padres su agresividad en el profesorado y viceversa ya que la administración se encuentra fuera del alcance de ambos colectivos?

¿La institución permite respuestas adecuadas a los sentimientos de culpabilidad, de impotencia y de agresividad en padres y profesores que nadie se atreve a asumir?.

¿Se comprende que el fracaso escolar tiene mucho que ver con la distancia entre cultura escolar y la cultura familiar y de clase social?.

¿La participación de los padres se relega a la organización de actividades extraescolares?

¿La profesionalidad docente se manifiesta en la capacidad de mediar entre las exigencias institucionales y las demandas de los grupos sociales beneficiarios de los servicios educativos?.

¿Existe una nueva realidad en la que se puedan equivocar los padres y los maestros?

¿La participación de los padres en los centros contribuye a reducir la distancia entre los ciudadanos y las instituciones y a hacer más transparentes los procesos organizativos?

¿La intervención escolar toma en cuenta que los alumnos y las alumnas aprenden con las costumbres y la cultura de sus comunidades y esto no debe ser ajeno al centro?.

¿Los padres conocen realmente lo que hacen los profesores y tienen la oportunidad de plantear sus dudas?.

¿Se tiene en cuenta que se han transferido a la escuela funciones educativas de las que no puede asumir la responsabilidad exclusiva?.

Foto cortesia de ISFTIC.

jueves, 10 de junio de 2010

Participación y Diálogo en la Educación II

Como decíamos en la primera parte de este artículo, el derecho a participar en la sociedad es como la conquista del resto de los derechos a lo largo de la historia, hay que ganárselo, es una lucha. Pero, si como hemos dicho es posible una gestión participativa y un control democrático de los centros escolares, esta debe materializarse en tres niveles.

El primer nivel es la relación padres-educadores, que debe ser muy fructífera y hay una excelente oportunidad de materializarlo a través del tutor o tutores. No espere a que su hijo/a tenga necesidades educativas especiales o que haya agotado todos sus recursos didácticos antes de empezar a hablar con el profesor encargado de orientarle y hacerle un seguimiento más cercano.

Cuando se siente con su tutor usted tendrá mucha información sobre las actividades del colegio, las actitudes de su hijo/a, los potenciales problemas, etc piense que conoce muchas cosas sobre su hijo/a que pueden ayudar al tutor/a. Esta ventaja será decisiva. Nadie va a una entrevista sin preparársela. Por eso antes de sentarse piense:

¿Por qué o para qué quiere vernos o queremos ver al profesor?, ¿qué puedo hacer para participar y ayudar más en la educación de mi hijo/a?.

Normalmente nos solemos hacer la primera pregunta ante la petición de una entrevista personal con el tutor y la relacionamos con alguna situación problemática del alumno en clase. Pero esta concepción de las tutorías está muy alejada de la realidad. Intercambiar información, resolver conflictos, analizar el comportamiento o simplemente conocer las opiniones de las dos partes son algunos de los objetivos que persiguen las tutorías con los padres. Para ello, es muy importante preparar la entrevista, tanto por parte de los padres como de los profesores.

Todos los centros escolares incluyen dentro de su Proyecto Curricular el denominado Plan de Acción Tutorial (PAT). En él, se especifican los criterios y procedimientos para la organización y funcionamiento de las tutorías, tanto con el alumnado como con sus familias. En el PAT se incluyen las entrevistas individuales con los padres para informarles del desarrollo académico del alumno o de cualquier aspecto relacionado con su formación, con el objetivo principal de que se establezca un canal de comunicación fluido entre los profesores y familia que facilite el diálogo y la participación de estos.

El centro escolar debe estipular para cada nivel educativo un número de tutorías rutinarias con los padres. No obstante, es aconsejable solicitar, siempre que se crea oportuno, una entrevista personal con el/la tutor/a, ya sea porque se ha detectado algún problema o dificultad en el niño, para informarle sobre algún cambio en la situación familiar que puede afectarle o simplemente para conocer otros aspectos de la evolución de sus hijos, que no se reflejan en las notas o evaluaciones que informan periódicamente sobre el rendimiento escolar.

Cuando vayamos a una entrevista con el profesorado de nuestro/a hijo/a debemos tener en cuenta que:

1. El tutor es nuestro aliado. Escúchelo con atención, trátelo con la mayor consideración. No le contradiga a la primera. Incluso si presume de conocer a su niño como nadie. Trátelo como un profesional, como le gustaría que le trataran a usted en su ámbito profesional.

2. Debemos demostrar nuestro interés real. Utilice lo que sabe de su hijo para demostrarle que tiene el mayor interés real. Demuestre que está al tanto de cada día en el colegio, hágalo con respeto, pidiéndole consejos, orientaciones. Pregúntele como puede usted ayudarles a los profesores (motivación, conducta, deberes, exámenes,...).

3. Debemos interesarnos por la actitud de nuestro hijo y todo tipo de detalles. Piense que el comportamiento y el rendimiento no tiene porque corresponderse con lo que Vd. piensa o cree, pida que le cuente su importante y cualificado punto de vista, pida detalles: sus distracciones en clases, su falta de atención en esta u otra asignatura, sus materias favoritas, sus hábitos, sus amigos y sus relaciones, si es tímido en clase, si es extrovertido, sus dificultades con las matemáticas, la lengua, etc. Tiene mucho que aprender de su hijo cuando no lo ve. Cuando los niños tienen que desenvolverse fuera del ámbito familiar experimentan cambios que los padres son incapaces de imaginar.

4. Debemos mantener un contacto frecuente y fluido. Gánese la simpatía y la amistad de los tutores y profesores de su hijo. Le permitirán mantener un contacto frecuente con aquellos que deben sus mejores aliados, las reuniones deben ser útiles tanto para ustedes, como para el profesorado. Ellos van a ser determinantes en muchas cosas y en especial en algo tan decisivo como la educación de sus niños. Sea compresivo, póngase de su parte aunque no comparta algunas de sus apreciaciones o puntos de vista, tómese un tiempo para analizarlos mejor y ver si llevan razón o no. Muchos tutores cambian su punto de vista si ven en los padres una complicidad y una actitud positiva hacia su labor educativa, y no saltan a defenderlos como si fueran cachorros indefensos.

En la mayoría de los casos es importante que los/as hijos/as conozcan el contenido de las conversaciones. Especialmente en las vertientes en las que hemos insistido: el estudiante debe ser consciente de que sus estudios son importantes; le hacen sentir "el protagonista de cada día". Es el primer paso para enseñarles que la participación y el diálogo son importantes.

El segundo nivel para mejorar nuestra participación en el centro escolar es el de la asociación de padres.

Como hemos dicho anteriormente integrarnos como padres en la organización o actividades de la escuela de nuestros hijos es tan importante como mantener una buena comunicación con los profesores. Si bien las tutorías son necesarias para conocer el progreso formativo de los niños, participar en la vida escolar del centro es también muy recomendable ya que facilita posteriormente no solo la resolución de conflictos de nuestro hijo en el entorno escolar, sino que favorece la comunicación entre padres e hijos y mejora no solo el clima de convivencia general del centro y la resolución dialogada y pacífica de los conflictos, sino que además permite que las finalidades educativas del centro se adecuen y lleven a cabo conforme a los intereses de la comunidad donde desarrolla su labor.

La participación en este nivel no debe circunscribirse a la colaboración en el “Día de la familia”, “Semana Cultural”, etc. que celebran la mayoría de centros, en las actividades extraescolares, en la AMPA o en el Consejo Escolar, participar activamente en la vida del centro es un apoyo para mejorar la relación padres-profesores.

Pero aún existe un cierto grado de desinformación importante. Muestra de ello es que siendo el Consejo Escolar el órgano máximo de participación en el centro, muchos padres manifiestan desconocer su existencia o no votan en la elección de sus miembros o simplemente piensan que hay intereses ocultos en las personas que aportan su trabajo, su tiempo y su experiencia para que tanto el Consejo Escolar, como las APAS aporten su grano de arena en la mejora de funcionamiento del sistema.

Es aquí donde hay que incidir, debemos mejorar la información a las familias, animarles a participar y colaborar, debemos aceptar de buena gana la participación de todos/as en la medida de sus posibilidades, nadie sobra y todos valen para el gran objetivo que es mejorar el sistema educativo, que no se cambiará mediante leyes, sino desde dentro.

Cuando alguien dice que no sabe como colaborar debe tener en cuenta algunas pautas, además de que se asocien, con el fin de incrementar la participación activa en la vida escolar:

Promueve la participación de tus hijos en las actividades extraescolares, especialmente en la ESO.

Aporta conocimiento al aula: charlas, cultura de otros países, visitas a centros de trabajo, talleres de manualidades, cocina, música, etc.

Aporta tiempo al centro para diferentes actividades: fiestas, deporte, biblioteca...

Participa activamente en el “Día de” que organice el centro, así como en el festival de final de curso.

Acompaña a tus hijos en los partidos o campeonatos deportivos internos o interescolares.

Integrarnos como padres en la organización o actividades de la escuela de nuestros hijos es tan importante como mantener una buena comunicación con los profesores.

Desde las APAS se debe promover espacios de encuentro en los que, a través del diálogo, se analice y reflexione en torno a temas de interés mutuo, contribuyendo a generar estilos y criterios educativos más compartidos.

Para mejorar la participación en el centro educativo debemos elaborar un programa para fomentar el “encuentro” entre las familias y la escuela, porque es necesario rescatar el compromiso de la familia como motor insustituible en el desarrollo y formación integral de los hijos, un programa que sirva para generar actitudes a través de un diálogo formativo: Escucha activa, participación y compromiso.

Cada día es más complejo educar, cada día son más y contradictorios los impactos que reciben nuestros jóvenes, en una realidad social marcada por el continuo cambio, la función de los padres en la sociedad queda un tanto diluida.

Sin embargo cada día son más las familias que manifiestan sus deseo, así como su interés y disposición para avanzar.

Familia y escuela son los soportes fundamentales de referente educativo, ambos con una aportación significativa que realizar, sin embargo es necesario crear criterios comunes entre padres y profesores para multiplicar la eficacia del esfuerzo que cada uno realiza.

¿Qué objetivos nos debemos plantear alcanzar?

• Crear un buen clima continuado de relación educativa entre la familia y el colegio, que propicie una disposición positiva a compartir reflexiones y vivencias basadas en actitudes de respeto y comprensión que ayuden a crear criterios educativos más compartidos.

• Reconocer los criterios educativos del colegio y dar soporte a la labor realizada con nuestros/as hijos/as desde el centro.

• Ayudar al profesorado a conocer y comprender las preocupaciones de la familia en relación con la educación de nuestros/as hijos/as.

• Aumentar nuestra competencia como educadores (padres y profesores), y desde ahí, aprender a establecer relaciones positivas con los niños y con los jóvenes.

• Avanzar y ahondar en el desarrollo de la acción tutorial, participando como padres/madres de esta línea de actuación.

• Contribuir a mejorar la convivencia en el centro. Debemos trabajar en la misma clave, familias, profesorado y alumnado. Trabajar algunos temas en paralelo en sesiones de tutoría y en encuentros de familias y profesorado.

• Profundizar en el papel del profesor. Revisar y tratar juntos el sentido y la finalidad de la función docente, el enriquecimiento mutuo, dotándonos de estrategias y recursos para aportar la perspectiva que surge de nuestra experiencia profesional.

• Estar abiertos y receptivos. Dando cabida a las inquietudes de los participantes y haciendo ofertas creativas que ayuden a mantener el interés y la participación.

Además de todos aquellos que Uds. consideren importantes.

El tercer nivel es el que le corresponde a la participación de las APAs en Federaciones, que dado su extensión trataremos en otro artículo.

Foto VI Congreso de Educación de CODAPA.

lunes, 17 de mayo de 2010

Participación y diálogo en la educación I.

El derecho a participar en la sociedad es como la conquista del resto de los derechos a lo largo de la historia, hay que ganárselo, es una lucha que no finaliza cuando se ve publicado en un boletín oficial, este es solo el primer paso de los muchos que son necesarios para que sea asumido por todos como lo que es la participación en la educación, un derecho y una obligación de todos.

Las consultas a la sociedad y a sus interlocutores, por parte de los distintos gobiernos, cuando han existido y se han planteado como tales, a la hora de afrontar cambios o nuevas leyes en educación, no han pasado del puro cumplimiento formal con un requisito democrático, salvo en el caso de la LOGSE, pero vacío de contenido cuando hemos visto su traducción a la realidad.

Pero la cosa no mejora en otras instancias, el dialogo sindicatos profesionales y asociaciones de padres es como máximo simbólico y si no referimos al diálogo padres/profesores o profesorado/alumnado/padres la realidad general no nos mueve al optimismo.

La creación de las «Asociaciones de Padres» y los «Consejos Escolares» como vehículos de participación más directa en la vida escolar por la LOGSE, provocó en unos casos la crítica, más o menos directa por parte de sindicatos profesionales y del profesorado, de injerencia en su labor profesional o ha sido vista como un peligro para el mantenimiento de un estatus mal entendido, y en otros el intento por parte de algunos partidos políticos de utilizarlos como “armas” contra el enemigo, todo esto ante su convencimiento de la ausencia de organizaciones democráticas ciudadanas de padres adecuadamente preparadas para defender sin sectarismos la mejor educación para sus hijos; o, más sencillamente, ante la pasividad, producto de la comodidad, de algunas de ellas, vinculadas o promovidas desde su nacimiento a algunos, digamos sectores sociales, ya sean religiosos o económicos.

Y lo que es más grave aún, el profesorado, en general, no ha facilitado en la vida real de los centros –más allá de los cauces formales– el diálogo con los padres, considerándolos frecuentemente más como «entrometidos» que como colaboradores en la educación de los hijos-alumnos.

El diálogo más importante, el de profesorado con el resto de la comunidad educativa no pasa tampoco por sus mejores momentos: desinterés; aburrimiento; violencia creciente; profesores sin alicientes ni recursos pedagógicos suficientes para afrontar los problemas de comportamiento y de motivación con que se encuentran un día sí y otro también, y en cuyo origen, además de «los padres» y la «sociedad», también está, en muchas ocasiones, la propia escuela.

Un profesorado que en muchos casos ni tan siquiera ha leído el Programa de Calidad y Mejora de los Rendimientos Escolares, participando o no, solo de oídas.

De la urgente necesidad de un mayor diálogo de los poderes políticos y la sociedad, del profesorado, de los/as padres/madres, del alumnado, de la urgente necesidad de una mayor participación de todos los sectores sociales en la educación es de lo que en esta serie de artículos queremos hablar, a sabiendas de que la esperanza es el mayor enemigo de lo «imposible». Solo un mayor diálogo y una mayor participación solucionarán los problemas que en la actualidad plantea la educación en una sociedad cada día mas exigente y necesitada de personas bien formadas y educadas.

La participación y el diálogo solo se va a desarrollar empezando desde la base, la participación de todos y cada uno de nosotros en el estamento más cercano, la escuela.

El fortalecimiento, mediante el asociacionismo de todos/as los/as padres y madres en las Asociaciones de Padres es el primer y más importante paso para la mejora del sistema educativo, y si me permiten decirlo es un paso no solo necesario, sino imprescindible si queremos mejorar la educación.


El diálogo y la participación en la educación de sus hijos.

Una vez dado el paso anteriormente mencionado, por si alguien no lo ha entendido sería el que todos/as debemos pertenecer a la Asociación de Padres del centro donde estudien nuestros/as hijos/as, debe generarse en la Asociación un debate basado en el conocimiento de los deberes y derechos que tienen éstas como tal y los padres en particular.

Una vez tengamos claro como podemos ayudar, participar, colaborar, etc. será el momento de llevarlo a la práctica sin sectarismos y pensando que cualquier paso que demos debe ir encaminado a posibilitar una mayor y mejor participación en los temas educativos.

Que los padres participan en la educación de sus hijos es evidente: formal o informalmente transmiten valores, pautas de conducta, hábitos y actitudes. Por otra parte, esperamos de la escuela que los alumnos alcancen el máximo nivel competencial, «el máximo desarrollo de su personalidad», «la formación en el respeto de los derechos y libertades democráticas» o la «preparación para participar activamente en la vida social». Y esto no puede conseguirse al margen de lo que sucede en la familia, ni tampoco, no nos engañemos, al margen de los medios de comunicación o del entorno social. Si nos ceñimos al marco escolar únicamente, lo cierto es que hoy en día participar en la educación de los hijos ha adquirido, al menos formalmente, una nueva dimensión: participar en la escuela.


Modelos de participación.

Es difícil delimitar con claridad qué queremos decir cuando hablamos de «participación de los padres en la escuela», porque ¿Qué hacen realmente los padres en la escuela? ¿Qué deberían hacer? La respuesta a esta última pregunta es, sobre todo, una cuestión ideológica.

Si pensamos en un modelo según el cual lo deseable es que la familia delegue sus funciones educativas, la participación de los padres tiene un momento clave: la elección del centro escolar que más se ajuste a la ideología y las creencias familiares.

Teóricamente, y a partir de esa elección, bastará seguir las pautas que se fijen desde el mismo y esperar los resultados. Podríamos plantearnos de inmediato si es posible multiplicar y diversificar la oferta escolar a estos extremos y qué ocurre entonces con los centros públicos.

Si por el contrario, priorizamos los aspectos más «técnicos» de la educación y pensamos que la escuela debe ocuparse de instruir a los alumnos fundamentalmente, queda bien claro que los padres, como no-profesionales de la enseñanza podrán aportar bien poco. Su «participación» se circunscribirá a aquello que pueda complementar el trabajo escolar programado íntegramente por los maestros: talleres, explicación de algún tema relacionado con su profesión, facilitar alguna visita, acompañar a los alumnos en las salidas. En una línea mucho más pragmática, ocurre que la aportación de recursos económicos se convierte a menudo en otra forma de participar.

La penuria en que se han movido hasta ahora muchos centros públicos ha hecho que los padres colaboraran en la compra del material del centro o simplemente en el pago de monitores para actividades extraescolares, etc. Ya que cuando la escuela no cubre todas las necesidades de las familias, a las expectativas de los padres, se crean clases paralelas en horario extraescolar. Es la «escuela sumergida». Así los alumnos pueden aprender informática, técnicas de estudio o aquellos conocimientos «realmente importantes» para encontrar trabajo en el futuro. Tal vez hayamos simplificado excesivamente lo que es hoy la participación de los padres, de algunos padres.

En cualquier caso creemos que es posible una gestión participativa y un control democrático de los centros escolares, la pregunta deja de ser «qué podemos hacer los padres” y pasa a ser «qué podemos hacer entre todos» (la comunidad educativa). No se trata de que el profesorado o la Administración «ceda» o «pierda poder» ante los padres, sino de trabajar por unos objetivos comunes, cada uno desde su ámbito, propuestos y asumidos por todos. En estos momentos, sigue siendo difícil plantear este enfoque de la participación sin un trabajo paralelo de información, formación y reflexión dentro de cada colectivo.

Si los docentes, que en mayor o menor medida disponen de recursos y espacios propios, encuentran serias dificultades, qué no sucederá con los/as padres/madres o con el alumnado. Por eso adquieren tanta importancia las actividades y servicios para padres/madres que diferentes instituciones están desarrollando desde hace tiempo: Escuelas Activas, Servicios de Orientación y Asesoramiento, cursillos y actividades para las APAs, etc. En muchos casos se trata de iniciativas municipales, que dependen de departamentos de enseñanza, equipos psicopedagógicos, etc. en otros (en su mayoría en la actualidad) las Federaciones de Asociaciones de Padres y las Confederaciones de Asociaciones de Padres son las que se ocupan de la formación y dinamización de los padres.

Video de Youtube.

lunes, 5 de abril de 2010

Acoso escolar III


El acosador escolar no tiene por qué padecer ninguna enfermedad mental o trastorno de la personalidad grave, pero presenta normalmente algún tipo de psicopatología, fundamentalmente, presenta ausencia de empatía (es incapaz de ponerse en el lugar del acosado y es insensible al sufrimiento de éste), y algún tipo de distorsión cognitiva (su interpretación de la realidad suele eludir la evidencia de los hechos y suele comportar una delegación de responsabilidades en otras personas).

El acosador normalmente responsabiliza de su acción acosadora a la víctima, que le habría molestado o desafiado previamente, con lo que no refleja ningún tipo de remordimiento respecto de su conducta (los datos de diversos estudios indican que, aproximadamente, un 70% de los acosadores responden a este perfil).

Estos mismos estudios identifican en los acosadores escolares la existencia probable de una educación familiar permisiva que les puede haber llevado a no interiorizar suficientemente bien el principio de realidad (ver video de artículo “acoso escolar II, familia): los derechos de uno deben armonizarse con los de los demás. La consecuencia es la dificultad para ponerse en el lugar del otro por una carencia de altruismo vinculada a un ego que crece a costa de los demás, meros instrumentos a su servicio, y que tiene un umbral de frustación muy bajo. Algunos autores denominan a este tipo de niño como niño tirano.


El entorno escolar.


El niño mal educado en la familia probablemente reproducirá en la escuela los hábitos adquiridos. Ni respetará, ni empatizará con los profesores, ni con sus compañeros. Sus frustaciones quizás le lleven a elegir un cabeza de turco. A menudo será aquel compañero que haga patente sus limitaciones y carencias, o que simplemente le parezca vulnerable.

Se puede dar el caso de que la ausencia en clase (o, en general, en el centro educativo) de un clima adecuado de convivencia pueda favorecer la aparición del acoso escolar. La responsabilidad al respecto oscila entre la figura de unos profesores que no han recibido una formación específica en cuestiones de intermediación en situaciones escolares conflictiva, y la disminución de su perfil de autoridad dentro de la sociedad actual.

Por todo lo anterior se hace imprescindible contar con un Programa de Convivencia en cada centro escolar, en el que se primen cuestiones como la prevención y la mediación, preferentemente entre iguales.


La televisión.

El mensaje implícito de determinados programas televisivos, de consumo frecuente entre adolescentes exponen un modelo de proyecto vital que busca la aspiración a todo sin renunciar a nada para conseguirlo, siempre y cuando eso no signifique esforzarse o grandes trabajos, constituye otro factor de riesgo para determinados individuos.

Los expertos han llegado también a la conclusión de que la violencia en los medios de comunicación tiene efectos sobre la violencia real, sobre todo entre niños. Se discute, no obstante, el tipo de efectos y su grado: si se da una imitación indiscriminada, si se da un efecto insensibilizador, si se crea una imagen de la realidad en la que se hiperboliza la incidencia de la violencia, etc. y desde luego teniendo en cuenta que el grado de afectación vendrá dado por las características tanto del sujeto, como del entorno social y familiar en el que se desenvuelve.


Prevención.

No hay una solución simple al acoso escolar, las medidas que se deben poner en marcha deben actuar de forma simultanes sobre todos los factores intervinientes, factores individuales, familiares y socioculturales, siendo la única vía posible la prevención del acoso escolar, realizándose ésta en distintos niveles.

Una prevención primaria sería responsabilidad de los padres (apostando por una educación democrática y no autoritaria, pero no exenta de normas cuyos incumplimientos tengan consecuencias), de la sociedad en conjunto y de los medios de comunicación (en forma de autorregulación respecto de determinados contenidos).

Una prevención secundaria sería las medidas concretas sobre la población de riesgo, esto es, los adolescentes (fundamentalmente, promover un cambio de mentalidad respecto a la necesidad de denuncia de los casos de acoso escolar aunque no sean víctimas de

ellos), y sobre la población directamente vinculada a esta, el profesorado (en forma de formación en habilidades adecuadas para la prevención y resolución de conflictos escolares y la puesta en marcha de planes de convivencia en los centros), tal y como se está desarrollando en la violencia de genero y que tan buenos resultados está cosechando.

Por último, una prevención terciaria serían las medidas de ayuda a los protagonistas de los casos de acoso escolar, acosadores y acosados, una vez detectadas las situaciones, y que permitan que estas no vuelvan a producirse.


Resolución de conflictos.

La primera actuación que debemos poner en marcha para actuar en los casos de acoso escolar es la elaboración de protocolos de actuación e intervención en los centros educativos para los supuestos de maltrato, discriminación o agresiones que el alumnado pudiera sufrir, garantizando su seguridad y protección, así como la continuidad de su aprendizaje en las mejores condiciones.

El conflicto forma parte de la vida y es un motor de progreso, pero en determinadas condiciones puede conducir a la violencia. Para mejorar la convivencia educativa y prevenir la violencia, es preciso enseñar a resolver conflictos de forma constructiva; es decir, pensando, dialogando y negociando. Un posible método de resolución de conflictos se desarrolla en los siguientes pasos:

  • Definir adecuadamente el conflicto.

  • Establecer cuáles son los objetivos y ordenarlos según su importancia.

  • Diseñar las posibles soluciones al conflicto.

  • Elegir la solución que se considere mejor y elaborar un plan para llevarla a cabo.

  • Llevar a la práctica la solución elegida.

  • Valorar los resultados obtenidos y, si no son los deseados, repetir todo el procedimiento para tratar de mejorarlos.

Es imprescindible que estas fases se incluyan en el plan de convivencia del centro, donde se describan las distintas fases del proceso, para facilitar su realización. En los programas de prevención de la violencia escolar que se están desarrollando en los últimos tiempos, se incluyen la mediación y la negociación como métodos de resolución de conflictos sin violencia, obteniéndose en estos casos muy buenos resultados.

Fotos cortesía de ISFTIC.

jueves, 1 de abril de 2010

Acoso escolar II

Causas del acoso escolar
Las causas del acoso escolar son múltiples y complejas. Existen, en nuestra sociedad, ciertos factores de riesgo de violencia, como la exclusión social o la exposición a la violencia a través de los medios de comunicación.
Sin embargo, carecemos de ciertas condiciones protectoras que podrían mitigar los efectos de dichos factores, como modelos sociales positivos y solidarios, contextos de ocio y grupos de pertenencia constructivos o adultos disponibles y atentos para ayudar.

Familia(enlace a video)
A través de la familia se adquieren los primeros modelos de comportamiento, que tienen una gran influencia en el resto de relaciones que se establece con el entorno.
Cuando los niños están expuestos a la violencia familiar, pueden aprender a ver el mundo como si sólo existieran dos papeles: agresor y agredido. Por ello, pueden ver la violencia como la única alternativa a verse convertido en víctima.
Una situación de maltrato del niño por parte de los padres contribuye a deteriorar la interacción familiar y el comportamiento del niño en otros entornos:
Disminuye la posibilidad de establecer relaciones positivas.
Se repite crónicamente, haciéndose más grave.
Se extiende a las diversas relaciones que los miembros de la familia mantienen.
Un importante factor de riesgo de violencia familiar son las condiciones de pobreza y dificultades que de ella se derivan, ya que esto aumenta el estrés de los padres, que muchas veces es superior a su capacidad para afrontarlo. Por eso, son necesarias acciones encaminadas a mejorar las condiciones de vida de familias en graves dificultades económicas.

Escuela(enlace a video)
Varios estudios muestran que, a menudo, el profesorado se crea expectativas, positivas o negativas, respecto a su alumnado e interactúan en público más frecuentemente con los estudiantes de expectativas positivas. Esto da como resultado que haya un grupo pequeño de alumnos/as "brillantes" que intervienen casi siempre y otro pequeño grupo de alumnos/as más "lentos" que no participa casi nunca. Además, los/as estudiantes de altas expectativas suelen recibir muchos elogios y, los de bajas expectativas, muchas críticas. Así, la motivación de estos últimos disminuye y se sienten discriminados respecto al resto de la clase. Blanca García Olmos, presidenta nacional de la Asociación de Profesores de Secundaria (APS) reconoce que es inevitable que se establezcan mejores relaciones con unos alumnos que con otros porque, al fin y al cabo, los/as profesores/as son personas y pueden sentir más afinidad hacia ciertos estudiantes.
Pero esto puede ser peligroso, ya que una mala relación entre profesor/a y alumno/a puede ser causa de ansiedad y depresión en los chicos y chicas, así como de un descenso de su rendimiento escolar.
Una de las posibles formas de mejorar las relaciones entre profesorado y alumnado y, por tanto, la convivencia en el entorno escolar, es reforzar las tutorías como medio para solucionar las tensiones, como señala Concepción Medrano, profesora del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad del País Vasco. También es necesario preparar bien al profesorado en cuestiones de psicología y pedagogía.
Además, sería positivo implicar a los/as alumnos/as a la hora de fijar los objetivos de su formación para que se sientan motivados por aprender y mejoren sus relaciones con los/as profesores/as.
Se puede dar el caso de que la ausencia en clase o en el centro educativo de un clima adecuado de convivencia pueda favorecer la aparición del acoso escolar, por lo que se hace necesaria la formación específica del profesorado en intermediación en situaciones escolares conflictivas.

Medios de comunicación(enlace a video)
Continuamente la violencia, tanto real (telediarios) como ficticia (películas o series) puede ser vista en los medios de comunicación, y en algunos casos se transmite como la única solución a los conflictos, siendo ejemplos de resolución de conflictos para los/as más jovenes, por lo que pueden ser considerados como una de las principales causas que originan la violencia en los niños y jóvenes.
- Los comportamientos que observan en televisión y el cine influyen en el comportamiento que manifiestan inmediatamente después, por lo que es necesario protegerlos de la violencia a la que les expone la televisión e incluso debería plantearse la posibilidad de utilizar la televisión de forma educativa para prevenir la violencia.
- La influencia de los mass media a largo plazo depende del resto de relaciones que el niño establece, ya que interpreta todo lo que le rodea a partir de dichas relaciones. Por eso la violencia no se desarrolla en todos/as los/as niños/as, aunque estén expuestos por igual.
- La repetida exposición a la violencia puede producir cierta habituación, con el riesgo de considerarla como algo normal, inevitable y de reducirse la empatía con las víctimas. Es importante promover la reflexión respecto a la violencia que nos rodea.
- La incorporación de la tecnología audiovisual al aula podría ser de gran utilidad como elemento educativo en la prevención de la violencia.

Youtube.

jueves, 25 de marzo de 2010

Acoso escolar I

El acoso escolar (también conocido como hostigamiento escolar, matonaje escolar o por su término inglés bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado encaminado a conseguir la intimidación de la victima, implicando un abuso de poder (real o subjetivo), es una de las formas más característica y extrema de la violencia escolar y puede llegar a provocar la exclusión social de la víctima.

También se define como el maltrato físico y/o psicológico deliberado y continuado que recibe un niño por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objetivo de someterlo y asustarlo, con vistas a obtener algún resultado favorable para los acosadores o simplemente a satisfacer la necesidad de agredir y destruir que éstos suelen presentar. Es la aplicación de tortura, metódica y sistemática, acompañada del silencio, la indiferencia o la complicidad del resto de compañeros.

El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas, siendo común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio.

Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares. Los protagonistas de los casos de acoso escolar suelen ser niños y niñas en proceso de entrada en la adolescencia (12-13 años), siendo ligeramente mayor el porcentaje de niñas en el perfil de víctimas.

Características.

- Suele incluir conductas de diversa naturaleza (burlas, amenazas, agresiones físicas, aislamiento sistemático, etc.).

- Tiende a originar problemas que se repiten y prolongan durante cierto tiempo.

- Suele estar provocado por un/a alumno/a, apoyado/a por un grupo, contra una víctima que se encuentra indefensa.

- Se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas sin intervenir directamente.

- La víctima desarrolla miedo y rechazo al contexto en el que sufre la violencia; pérdida de confianza en sí mismo y en los demás y disminución del rendimiento escolar.

- Disminuye la capacidad de comprensión moral y de empatía del agresor, mientras que se produce un refuerzo de un estilo violento de interacción.

- En las personas que observan la violencia sin hacer nada para evitarla, se produce falta de sensibilidad, apatía e insolidaridad.

- Se reduce la calidad de vida del entorno en el que se produce: dificultad para lograr objetivos y aumento de los problemas y tensiones.

Objetivos y evolución de los casos de acoso escolar

El objetivo de la práctica del acoso escolar es intimidar, apocar, reducir, someter, amilanar, aplanar, amedrentar y consumir, emocional e intelectualmente, a la víctima, con vistas a obtener algún resultado favorable para quienes acosan o satisfacer una necesidad imperiosa de dominar, someter, agredir, y destruir a los demás que pueden presentar los acosadores como un patrón predominante de relación social con los demás.

En ocasiones, el niño que desarrolla conductas de hostigamiento hacia otros busca, mediante el método de «ensayo-error», obtener el reconocimiento y la atención de los demás, de los que carece, llegando a aprender un modelo de relación basado en la exclusión y el menosprecio de otros.

Con mucha frecuencia el niño o niña que acosa a otro compañero suele estar rodeado muy rápidamente de una banda o grupo de acosadores que se suman de manera unánime y gregaria al comportamiento de hostigamiento contra la víctima.

La violencia encuentra una forma de canalizarse socialmente, materializándose en un mecanismo conocido de regulación de grupos en crisis: el mecanismo del chivo expiatorio.

Tipos de acoso escolar.

Podemos hablar de varios tipos de acoso escolar que, a menudo, aparecen de forma simultánea:

- Físico: empujones, patadas, agresiones con objetos, etc. Se da con más frecuencia en primaria que en secundaria.

- Verbal: insultos y motes, menosprecios en público, resaltar defectos físicos, etc. Es el más habitual.

- Psicológico: minan la autoestima del individuo y fomentan su sensación de temor.

- Social: pretende aislar al joven del resto del grupo y compañeros.

Los profesores Iñaki Piñuel y Zabala y Araceli Oñate han descrito hasta 8 modalidades de acoso escolar, con la siguiente incidencia entre las víctimas.

  1. Bloqueo social (29,3%)

  2. Hostigamiento (20,9%)

  3. Manipulación (19,9%)

  4. Coacciones (17,4%)

  5. Exclusión social (16,0%)

  6. Intimidación (14,2%)

  7. Agresiones (13,0%)

  8. Amenazas (9,1%)

Bloqueo social

Agrupa las acciones de acoso escolar que buscan bloquear socialmente a la víctima. Todas ellas buscan el aislamiento social y su marginación impuesta por estas conductas de bloqueo.

Son ejemplos las prohibiciones de jugar en un grupo, de hablar o comunicar con otros, o de que nadie hable o se relacione con él, pues son indicadores que apuntan un intento por parte de otros de quebrar la red social de apoyos del niño.

Se incluye dentro de este grupo de acciones el meterse con la víctima para hacerle llorar. Esta conducta busca presentar al niño socialmente, entre el grupo de iguales, como alguien flojo, indigno, débil, indefenso, estúpido, llorica, etc. El hacer llorar al niño desencadena socialmente en su entorno un fenómeno de estigmatización secundaria conocido como mecanismo de chivo expiatorio. De todas las modalidades de acoso escolar es la más difícil de combatir en la medida que es una actuación muy frecuentemente invisible y que no deja huella. El propio niño no identifica más que el hecho de que nadie le habla o de que nadie quiere estar con él o de que los demás le excluyen sistemáticamente de los juegos.

Hostigamiento

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que consisten en acciones de hostigamiento y acoso psicológico que manifiestan desprecio, y falta de respeto y desconsideración por la dignidad del niño. El desprecio, el odio, la ridiculización, la burla, el menosprecio, los motes, la crueldad, la manifestación gestual del desprecio, la imitación burlesca son los indicadores de esta escala.

Manipulación social

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que pretenden distorsionar la imagen social del niño y “envenenar” a otros contra él. Con ellas se trata de presentar una imagen negativa, distorsionada y cargada negativamente de la víctima. Se cargan las tintas contra todo cuanto hace o dice la víctima, o contra todo lo que no ha dicho ni ha hecho. No importa lo que haga, todo es utilizado y sirve para inducir el rechazo de otros. A causa de esta manipulación de la imagen social de la víctima acosada, muchos otros niños se suman al grupo de acoso de manera involuntaria, percibiendo que el acosado merece el acoso que recibe, incurriendo en un mecanismo denominado “error básico de atribución”.

Coacción

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que pretenden que la víctima realice acciones contra su voluntad. Mediante estas conductas quienes acosan al niño pretenden ejercer un dominio y un sometimiento total de su voluntad.

El que la víctima haga esas cosas contra su voluntad proporciona a los que fuerzan o tuercen esa voluntad diferentes beneficios, pero sobre todo poder social. Los que acosan son percibidos como poderosos, sobre todo, por los demás que presencian el doblegamiento de la víctima. Con frecuencia las coacciones implican que el niño sea víctima de vejaciones, abusos o conductas sexuales no deseadas que debe silenciar por miedo a las represalias sobre sí o sobre sus hermanos.

Exclusión social

Agrupa las conductas de acoso escolar que buscan excluir de la participación al niño acosado. El “tú no”, es el centro de estas conductas con las que el grupo que acosa segrega socialmente al niño. Al ningunearlo, tratarlo como si no existiera, aislarlo, impedir su expresión, impedir su participación en juegos, se produce el vacío social en su entorno.

Intimidación

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que persiguen amilanar, amedrentar, apocar o consumir emocionalmente al niño mediante una acción intimidatoria. Con ellas quienes acosan buscan inducir el miedo en el niño. Sus indicadores son acciones de intimidación, amenaza, hostigamiento físico intimidatorio, acoso a la salida del centro escolar.

Amenaza a la integridad

Agrupa las conductas de acoso escolar que buscan amilanar mediante las amenazas contra la integridad física del niño o de su familia, o mediante la extorsión.



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